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Ciudad Nihil

Sábado 16-Ene-10 | 112 Visitas | 0 Comentario(s)

Los filósofos y poetas no entraron por la puerta grande como solían hacerlo antiguamente los emperadores y generales romanos; ellos arribaron a la ciudad del infortunio por la puerta trasera.

Muchos no les esperaban con ramos y pétalos de flores al caminar, sino que su recibimiento fue con un despliegue del abanico de las necesidades y angustias de los oprimidos de la ciudad.

Ya la mayoría, lo que los psicólogos sociales llaman “la masa”, miraban con desconfianza a esos hombres poetas y filósofos, que con su percepción y sensibilidad querían conocerlo todo y hablarlo todo.

El poeta Arush, uno de los que dirigía la compañía de los "Augustos”, quería apreciar el campo, las mariposas, el aire fresco, las hojas de otoño, para que fuesen parte de inspiración en uno de sus poemas y sonetos.

Como en una escena dantesca,su cara se torno de rosada a blanco teatro, cuando en vez de aire hallo polución, las mariposas eran esos carros y aviones que iban de aquí hacia allá, y las hojas de los arboles que esperaba encontrar, fueron transfiguradas en papel factura, afiches que llenaban las paredes citadinas.

De repente su mente se lleno de confusión y sus ojos de lagrimas, la boca del poeta no podía recitar, ni cantar; se preguntaba para sí:

¿Qué somos ahora?, ¿seres humanos, o piezas de engranaje?, ¿Dónde está el ser humano que siente, que piensa, que es él mismo, que no es autómata, sino autónomo?.

Y dando grandes voces caminaba meditabundo por las calles ignotas, frías y grises de la desolada ciudad del infortunio o ciudad nihil como se conocía entre los extranjeros.

Caminando de frente al sol del atardecer y proyectando su misma sombra, parecía que esta también pensaba junto con él; manos atrás, cabeza erguida hacia adelante y rostro desconsolado era la figura del poeta ambulante sobre al ocaso.

Llegando a un lugar de la ciudad que tenia grandes calles, y a los lados edificaciones agrietadas por el pasar del tiempo, oyó un ruido que le robo la atención y al acercarse le sorprendió ver que un grupo de jóvenes que aun no reconocia, estaban llamándole de una forma peculiar.

-psss.... psss.... señor!, señor!..

El poeta se sintio sorprendido que alguen viviera en esa zona tan degradante, así que voltio su mirada hacia donde venia el extraño llamado y pregunto en voz alta, como para matar el miedo.

-¿Quienes son?, y como intuyendo agrego...¿son acaso ustedes los niños? -si, somos nosotros.

- ¿en verdad son ustedes? ¿son acaso "los salvados de la ira de la osa"?.

De repente uno de ellos salio y Arush se alegro mucho, mucho como un padre que ha perdido esperanza en su hijo prodigo y luego este después de reflexionar regresa a sus brazos.

-Son ustedes, vaya que sorpresa. Arush les reconoció inmediatamente por su acento al hablar y por la típica vestimenta que usaban según la leyenda.

-Porque no habríamos de serlo, hemos esperado mucho tiempo vengarnos del Dios de esta ciudad, o sea la ciudad misma, esa que mata la inocencia y da luz a corrupción, que asesina día y noche y por eso nos preparamos.

De pronto interviene Arush: -Pero creía que solo eran una leyenda, ahora sé que los mitos e historias tienen parte en la verdad.

-Poeta, habla despacio –dijo en voz baja Camil-, ya te contaremos nuestra genealogía pasada y nuestras grandes hazañas pero decidnos:

-¿Puedes enseñarnos a poetizar a ser sensibles con las cosas que nos rodean?, dadnos una identidad porque no queremos ser lo que el “destino” haga de nosotros, somos jóvenes, por eso queremos ser libres nuestro poeta Obey que ya murió nos enseño:

“Considero que primero debemos ser hombres antes que súbditos, lo deseable no es cultivar el respeto a la ley, sino a la justicia”

Y nos lo asevero porque cuando nos sentábamos alrededor de él nos explico:

“la mano de los hombres sirve al estado, no principalmente como hombres, sino como maquinas, con sus cuerpos, en la mayoría de los casos no se ejercita libremente la crítica o el sentido moral; ellos mismos se ponen voluntariamente al nivel de la madera, la tierra, las piedras;”

-¡Poeta!, dadnos vida, somos a cuarta generación de los “salvados de la ira de la osa”, enseñadnos a poetizar, enseñadnos a cantar, y si lo aprendemos seremos como los que sueñan sueños y tiene visiones donde lo utópico es posible.

-Queremos un mundo mejor, dadnos las herramientas.

Arush los miro y contemplando la escena los calmo y les prometió darles las herramientas que pedían, y con el ánimo de tranquilizar el estado de sus corazones, les entono el canto más precioso que la humanidad haya escuchado.

Empezaba así:
Continuara……

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