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Martes 12-May-09 | 217 Visitas | 1 Comentario(s)
Hoy es todavía un misterio el asesinato del conde de Villamediana. Éste, amigo de toda clase de fanfarronerías huecas que sólo servían para procurarle enemigos, se había labrado tantos y tan importantes de ellos que nadie se preocupó de quién era su asesino. Sencillamente, se limitaron a respirar aliviados ante la desaparición de tan incómodo personaje.
Don Juan de Tassis y Peralta, segundo conde de Villamediana, había nacido en Lisboa, en 1.582. Su padre era correo mayor de Felipe II, cargo que nuestro personaje heredó. Desde muy pronto se aficionó a las letras, ejercicio para el que no le faltaban cualidades. Tómese en cuenta que estamos hablando del pleno Siglo de Oro de nuestra literatura, cuando para destacar en ellas no bastaba con juntarlas con cierta corrección. El mismo Lope de Vega le mostró su respeto como escritor.

Paseo del Prado
El problema de Villamediana era que, más que utilizar su talento para componer hermosos versos – que también los tiene -, lo usaba para escribir pullas contra quien le pluguiese, granjeándose así la enemistad de casi todo el mundo. Valga un ejemplo para demostrarlo : cuando regresó de uno de los dos destierros a que fue condenado por el rey, escribió este epigrama :
“Llego a Madrid y no conozco el Prado
y no lo desconozco por olvido,
sino porque me consta que es pisado
por muchos que debiera ser pacido.”
Es indispensable señalar que alude al Paseo del Prado, zona de recreo de la alta aristocracia e incluso de la Corona.
Era el conde de esas personas que ansiaba “epatar”, impactar en los demás, y para ello no dudaba en ofender a quién terciase, incluido el rey. Pronto lo veremos. De momento, debemos señalar que fue uno de los más agrios oponentes del todopoderoso conde-duque de Olivares.
Gastizo y libertino, se jactaba de hacer ondear la cornamenta de media aristocracia de la corte y parece que no le hacía ascos a ningún sexo. Sus aventuras nocturnas – a veces en compañía del propio monarca – eran constantes. Pero, a pesar de ello, tampoco dudó en acrecentar la testuz de tan regia persona.

Rey Felipe IV
Efectivamente, era conocido por todo Madrid que ambos compartían amante, doña Francisca de Tavora. Ésta no vaciló en regalar a Villamediana una joya obsequio del rey, circunstancia que el provocador conde aprovechó para presentarse luciéndola en audiencia real.
Ante tal atrevimiento, optó el monarca por ir, disfrazado de criado, a casa de su amante. Allí estaba Villamediana, que, dándose cuenta de quién era el fingido doméstico, lo trató despectivamente e incluso lo pinchó con una daga para “darse el gusto de ver correr un poco de sangre de los Habsburgo”. El rey, humillado y confuso, huyó. Acto seguido, envió al poeta fuera de la corte, orden que éste desobedeció y, no sólo eso, sino que compareció ante el soberano con otra joya que llevaba la inscripción “Más penado, menos arrepentido”.
De todos modos, lo que hemos narrado hasta aquí no es nada en comparación con el siguiente paso de Villamediana. Visto que sus atrevimientos no parecían tener castigo, optó por comenzar a asediar….¡A la misma reina! Para ello, le compuso una comedia, “La gloria de Niquea”, cuya representación, absolutamente fastuosa, sufragó él mismo. En plena apoteosis escénica, aparecía la soberana sentada en un lujosísimo trono, en calidad de diosa de la hermosura.
Hay que precisar, en relación con los dispendios de nuestro personaje, que eran ingentes. No había un prestamista en todo Madrid que no lo conociese. Otro motivo para asesinarle.

Luis de Góngora
Pero, siguiendo con nuestro relato, parece ser que el pobre rey comenzó a tener la mosca sobre la oreja. En otra ocasión, Villamediana salió a picar un toro en presencia de los soberanos y la reina dijo : “Pica bien el conde”, a lo que Felipe IV respondió : “Pica bien, pero pica muy alto”. Entretanto, a tal envalentonamiento llegó nuestro hombre, que se dice que provocó un incendio para salvar él, en sus brazos, a la reina.
Y, con motivo de un concurso poético, presentó un soneto acróstico, cuyos versos iniciales decían “a Isabel, mi amada”. En otra ocasión, apareció en un festejo real con un traje en el que se leía, bordado, “son mis amores reales”.
En vista de todo esto, no es de extrañar que Luis de Góngora, de quién Villamediana se puede considerar discípulo poético, escribiese a la muerte del conde la famosa letrilla:
“Mentideros de Madrid,
decidnos, ¿Quién mató al conde?,
ni se sabe, ni se esconde,
sin discurso, discurrid :
Dicen que le mató el Cid
por ser el conde lozano.
¡Disparate chabacano!
La verdad del caso ha sido
que el matador fue Bellido
y el impulso soberano”.
Como quiera que fuera, es indudable que el provocador conde de Villamediana se había ganado, por sus propios méritos, tantos enemigos que no resulta fácil discernir cuál de ellos pudo matarlo. Deudas, maridos engañados, amantes despechadas, literatos a los que injurió, enemigos políticos…. En fin, la lista sería muy larga.
Además, es de justicia señalar que - aún dada la gravedad de este caso por el carácter nobiliario de la víctima, hecho que para la sociedad de la época constituiría un baldón - , por entonces, se cometían en Madrid tan frecuentes asesinatos que éstos eran la comidilla diaria: en sólo quince días, hubo en la capital ciento diez muertes violentas de personas.

Marqués de Santillana
De cualquier modo, nadie se preocupó de investigar el asesinato y, como decíamos, muchos aristócratas respiraron aliviados al ver a sus mujeres e hijas (también hijos) a salvo de tan gran seductor.
Quizá arroje un poco de luz sobre el suceso la novela que Antonio de San Martín escribió en 1.884 sobre Quevedo, en la que introduce a nuestro conde y describe su asesinato. Dice que los matadores fueron Ignacio Méndez y Alonso Mateos, quiénes habitualmente realizaban las tareas sucias del conde-duque de Olivares. Lo que no indica es si aquéllos obraron por orden directa del valido o si éste había recibido a su vez un mandato de más arriba.
Lo que es indudable es que el conde de Villamediana, excelente poeta, como ya hemos señalado, es hoy más conocido por las polémicas que rodearon su vida y su asesinato que por su obra literaria.
Imagen Paseo del Prado: Zaqarbal en Wikipedia
Imagen Felipe IV: Luestling en Wikipedia
Imagen Luis de Góngora: Eloquence en Wikipedia
Imagen Marqués de Santillana: Escarlati en Wikipedia
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Os remitimos convocatoria de ruta urbana:
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Paseo Temático
Madrid de capa y espada
Intrigas, crímenes y pasiones en el Madrid de Felipe IV.
Paseo a pie en torno a la figura de Don Juan de Tassis, Conde de Villamediana (1582-1622), Correo Mayor del Reino, poeta satírico y gran seductor.
Las intrigas políticas, los crímenes, las pasiones de la Corte de Felipe IV..., con el hilo conductor de la novela, Decidnos, ¿Quién mató al Conde?, de Néstor Luján, el pintor de Flandes de Rosa Ribas y el enigmático asesinato de su protagonista.
Mentidero de Madrid,
decidnos, ¿quién mató al Conde?
ni se sabe, ni se esconde,
sin discurso discurrid:
Dicen que le mato el Cid
por ser el Conde lozano;
disparate chabacano!
La verdad del caso ha sido
que el matador fue Bellido
y el impulso soberano.
Góngora
Recorrido: plaza de Pontejos, calle Mayor, plaza Mayor, calle Nueva, plaza del Conde de Miranda, convento de las Carboneras, plaza de la Villa, calle del Rollo, Calle Mayor.
http://www.carpetaniamadrid.com/visitas.html
Visita en español
- Duración de la ruta: 2 horas y 15 minutos apróx.
- Día de realización: viernes 21 y 28 de agosto
- Hora de inicio: 21 h.
- hora de presentación : 20:50
- lugar de presentación: Plaza de Pontejos (junto a la fuente)
Metro: Sol
- precio (adulto ): 11 euros (adultos) - 10 euros con carnets (