Aun no somos, intentamos ser pero sin lograrlo jamás; morimos y no alcanzamos a saber quien somos y para que.
Nacemos para morir y morimos para morir. Si nos decidimos como una empresa ardua a saber e investigar quienes somos, nos volveremos filósofos; y si preguntamos para que somos, caeremos en la enfermedad del pragmatismo.
Filosofía y Pragmatismo, dos ancianas que ya no generan vida en el ser, ejemplo de ello es la prematura muerte de Sócrates, dejando inconcluso un pensamiento del cual tomamos muchos, y también el que William James se perdiera un día en el jardín de su casa y se sintiera el mismo desesperado hasta la muerte.
Solo hay algo cierto, seamos o no seamos tenemos una verdadera vida: La voluntad.
Quién nos enseña a sentir, quién nos enseña a decidir que es humano y que no. Una voluntad intuitiva existe en el ser, Sócrates la llamó "daemonion", los cristianos el "Espíritu Santo", los ilustrados la "razón", pero para los nihilistas hay un nombre más concreto y es la existencia latiendo en su máxima desesperación.
No es que lo sensible sea lo predominante, ya que la vida misma es sensibilidad y armonía, es la existencia real, palpable, que se comunica con otros; lo demás si existe filosofía, teología o ciencia viene detrás.
Hay que hablar para que te conozcan, comunicar el alma a los demás pero no por medio de conceptos como pensaría normalmente Baltasar Gracián, sino hablar por medio de nuestra voluntad desnuda, latiendo al unisono como un "Cantus Firmus" con la existencia.
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