LA PESADILLA DE LENA
Cuando Lena se durmió comenzó la pesadilla. Paseaba por un bosque de árboles a los que se les caían las hojas .El paisaje era frío, tenebroso y a Lena le entró el miedo. Todo se fue volviendo mucho más oscuro. La luna se escondió y las sombras de los árboles se agitaron misteriosamente como mecidos por un viento invisible, inexistente.
Se oyó un aullido agudo que resonó por todo el bosque. Lena caminaba, cada vez más rápido intentando alejarse del mal que la acechaba. Impotente, Lena empezó a correr. Oía pasos que no eran sino los de ella misma rompiéndole silencio sepulcral que irradiaba el paraje.
El paisaje se iba transformando, ya no eran los árboles de hoja caduca, a los que se les iban cayendo las hojas en otoño. Ahora eran los altos y rectos cipreses, con sus hojas de color verde oscuro. Eran los típicos árboles del cementerio que resaltaban en el fondo negro de la noche. La luna llena se dibujaba en el cielo en su punto más perfecto y brillaba con esplendor en el fondo oscuro del cielo.
Había tal silencio que Lena oía su respiración entrecortada de tanto correr. De repente, Lena, sintió que alguien tiraba de ella y la arrancaba del suelo. Era un ser monstruoso como cuatro hombres de alto que destilaba un hedor insoportable.
La criatura iba acercando a Lena a su boca. Si así se podía llamar a la cavidad que tenia en la cara, pues era por fuera totalmente blanca, percibiéndose los vasos sanguíneos y por dentro, sin dientes, roja y llena de sangre.
Lena llena de terror vio como, poco a poco, el ser la iba acercando a su boca. Lena ya no vio nada más. Ella nunca se despertó de esta pesadilla.
A veces las pesadillas se confunden con la realidad.
Julia, este cuento lo has escrito tú¿?
Porque está genial!!!!! Respóndeme y si lo has escrito tú (es que arriba pone "mi relato") pues muchas felicitaciones.
Adiós.
